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viernes, 4 de septiembre de 2015

Indignante la actuación de las instituciones y gobiernos europeos ante el drama migratorio

La Unión General de Trabajadores considera indignante la actuación de las instituciones europeas y los gobiernos comunitarios ante el drama humano que se está viviendo en la actualidad dentro de las fronteras de la UE. El sindicato considera paradójico que en el documento que la Comisión Europea llevará a la I Cumbre Mundial Humanitaria el próximo mes de mayo no se haga ni una sola alusión a la cruel situación humanitaria actual. 
Además, reprocha a los gobiernos europeos, incluido el español, que estén actuando en contra de la propia recomendación de la Comisión de reafirmar la responsabilidad común de proteger vidas humanas bajo los principios de solidaridad, dignidad e integridad. Por ello, UGT reclama otra Europa, que no actúe tarde, mal y nunca y reafirme un modelo social digno e igualitario que no condene el futuro de sus habitantes. 
Se ha hecho público recientemente el documento de posición y  las recomendaciones que llevará  la Comisión Europea a la I Cumbre Mundial Humanitaria, impulsada por Naciones Unidas, que se celebrara en el mes de mayo de 2016 en Estambul. 
Para UGT, las recomendaciones de la Unión en materia de ayuda humanitaria podrían incluso ser irreprochables en un escenario que no fuera el actual. Pero es imposible leer este documento y olvidar la realidad de cientos de miles de personas que ya están en la Unión, la de quienes tratan de alcanzar el territorio europeo y la actuación de las propias instituciones europeas y de sus estados miembros. Y, sin embargo, el documento se ha redactado sin una sola alusión al drama humano y al espectáculo político que estamos viviendo dentro de las propias fronteras de la Unión Europea. 
A no ser que la Unión considere que la catástrofe por la que estamos pasando, los muertos en las costas de la Unión y la situación de las personas que ya se encuentran en territorio Europeo, no tiene nada que ver con la ayuda humanitaria.
La Comisión recomienda, en este documento, reafirmar la responsabilidad común de proteger vidas humanas y prestar ayuda humanitaria, y confirmar, entre los principios básicos comunes, los valores de la dignidad, integridad y solidaridad, los principios humanitarios, el cumplimiento de las obligaciones que se derivan del Derecho Internacional humanitario y el compromiso de mantener la labor humanitaria separada de los programas políticos.
Para el sindicato, es doloroso e indignante confrontar esta recomendación con la actuación de las instituciones europeas y los Gobiernos de los estados miembros, incluido el español. Porque proteger vidas y prestar ayuda humanitaria, es una necesidad ya, ahora y dentro del territorio de la Unión. Porque las instituciones europeas y los gobiernos de los estados miembros están perdiendo la dignidad, y desde luego no saben nada de solidaridad, ni con las personas, ni, como nos ha demostrado el Gobierno español, entre los estados. 
Porque no se están cumpliendo ni los principios humanitarios, ni las obligaciones del derecho internacional respecto a potenciales solicitantes de asilo y tanto el tema de la inmigración como el de la ayuda humanitaria están entrando y siendo utilizados en los programas electorales. 

La Unión Europea y los gobiernos de los estados miembros se están jugando su credibilidad, y la están perdiendo; están poniendo en cuestión los mejores valores que dieron origen a la Unión. Pero, peor aún, están utilizando la dramática situación de los inmigrantes, sus vidas y su muerte, para, al mismo tiempo, servir a sus particulares intereses económicos y políticos. 
No podemos engañarnos; cuando se habla de poner límites a la libre circulación si no hay un reparto de solicitantes de asilo, no es solo para evitar el tránsito de inmigrantes por los estados miembros, sino también para dificultar la libre circulación de nacionales europeos de aquellos países, que como el nuestro, están en peor situación. Y esto, el control de cierto tipo de inmigración, es un aspecto que vende en los programas electorales de los partidos políticos, y no solo en los de la más rancia y peligrosa ultraderecha.
UGT no puede por menos que volver a reiterar que la postura del Gobierno español en esta materia está siendo impresentable y cruel, como muchas de las actuaciones que ha llevado a cabo en este país a lo largo de los últimos años y que afectan al conjunto de la sociedad. Si no nos gusta la palabra reparto o cuota de refugiados, llamémoslo compartir responsabilidades y solidaridad con las personas y con otros estados miembros. 
La postura española, de negarse a aceptar un número que, por otra parte resulta ridículo en comparación a todos los posibles solicitantes de asilo que se encuentran en Grecia, Italia o en terceros países, es vergonzosa;  que el argumento sea el desempleo y la situación económica de este país ya es indignante, más aun cuando para otras cosas el Gobierno no tiene reparos en vender una recuperación del empleo  y unos logros económicos que solo existen en sus discursos y no en la realidad. 
Decir que España no puede acoger a refugiados porque ya tenemos y nos gastamos mucho dinero en acoger y atender a las personas que llegan de manera irregular a las costas españoles es, directamente, contrario a la verdad. En el proyecto de presupuestos generales del estado para el año 2016 la partida destinada a la atención de inmigrantes llegados a costas españolas y en asentamientos no llega a los dos millones de euros. 
Las excusas del Gobierno español, según UGT, están condicionadas por la proximidad de las elecciones generales y, evidentemente, por un trasfondo ideológico que no entiende de solidaridad, ni de igualdad y que considera a los extranjeros, los que tienen menos recursos, un mero instrumento y no parte de la población. Y en cualquier caso, aun con una tasa de paro elevada, España no puede, ni ética ni legalmente, eludir el cumplimiento de los compromisos internacionales.
España debería haberse puesto al frente de los países en exigir una cumbre europea donde alcanzar decisiones rápidas, para salvar vidas, para prestar ayuda humanitaria, para compartir responsabilidades entre todos los estados miembros, en un tema que forma parte de las raíces de la historia reciente de Europa, del nacimiento de la Unión Europea  y de la memoria histórica de nuestro país. 
El Gobierno español debería recordar nuestro propio pasado de refugiados políticos y económicos y cómo las normas internacionales les protegieron y muchos países les acogieron. En lugar de eso, se ha alineado con los estados miembros que están actuando de manera contraria a los convenios internacionales y regateando a la baja, en un mercadeo impresentable, el número de solicitantes de asilo que está dispuesto a acoger.
Ésta no es la Unión Europea que queremos. Una Unión que reacciona así, tarde, mal y nunca, no priorizando la obligación de salvar vidas, no prestando ayuda humanitaria, incumpliendo los convenios internacionales, volviendo la vista a que sus estados miembros construyan vallas peligrosas, conviertan la inmigración irregular en un delito y no permitan la entrada en su territorio a posibles solicitantes de asilo. 
Una Unión así no es una Europa social, no tiene valores de dignidad, igualdad y solidaridad, ni principios éticos. Una Europa así, en el futuro, hará lo mismo con aquellas personas con menores recursos económicos. De hecho ya lo hace, que son nacionales de los estados miembros. 

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