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viernes, 21 de junio de 2013

Publicamos en su integridad, un interesantísimo artículo de Antonio Mora Plaza, economista, licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, con un buen número de artículos y trabajos publicados. En el artículo ofrece incluso diversas fórmulas para los muy sesudos:

Para no repetir la crítica que ya se ha hecho al Comité supuestamente de sabios sobre la reforma de las pensiones, pasaré por alto que se trata de un Comité mayoritario de neoliberales que el gobierno de Rajoy y sus secuaces utilizan para justificar el recorte de las pensiones. Tanto criticó el presidente actual al anterior sobre el recorte de las pensiones de mayo del 2010 -y de que aquéllas eran sagradas- que ahora no sabe el gobierno actual como engañar o contentar a sus votantes que ya son pensionistas o que lo van a ser en el futuro. Es lastimoso que catedráticos y supuestos expertos se hayan prestado a esta tarea de justificación de los recortes porque, en efecto, el Gobierno no les da la tarea de buscar una alternativa global al sistema de pensiones actual sino a “responder sobre el factor de sostenibilidad de las pensiones públicas” (pág. 2 del Informe). Es decir, en ningún momento se cuestiona o se acomete de forma global tareas concretadas en variables tales como la participación del gasto público en el PIB, del gasto social o la lucha contra el fraude fiscal, medidas que, de llevarse a cabo con cierto éxito, harían aumentar los ingresos fiscales y, con ello, la posibilidad de aumentar los ingresos de la Seguridad Social más allá que los derivados de las cotizaciones. Prestarse a este juego y con estas limitaciones ya da una idea de la catadura ética e intelectual de los miembros del Comité, pero respetamos su decisión de participar en este juego porque cada uno es libre –y más en democracia- de poner en almoneda su propia dignidad.
Pero vamos a ir a lo concreto y veamos los errores que cometen estos supuestos sabios:

A) En primer lugar veamos el error matemático porque resulta incomprensible en personas de un supuesto nivel técnico de formación. Estos expertos pretenden llegar a un equilibrio entre ingresos y gastos de la Seguridad Social y, para ello, establecen tres tipos de gastos (pág. 38): a) Una factor –que es a demás la variable a determinar- que representa la variación de las pensiones que estaban en el año t y que permanecen en el año t+1. Al incremento en términos de tasa de crecimiento lo llaman gt+1. Ellos lo explican peor, pero es eso; b) un segundo factor es el número de pensiones del año t+1 y que lo llaman gp,t+1. Se supone que es la variación de t a t+1; c) el tercer factor es el más enrevesado. Se trata según estos expertos de “la variación del efectos sustitución, es decir, de aquél aumento de la pensión media producido por el diferente valor de la cuantía de las pensiones que salen (bajas) del sistema en t+1 respecto de la cuantía de las pensiones que se incorporan (altas) en t+1” (pág. 38). Lo llaman gS,t+1. Según estos expertos entonces el gasto total de pensiones en el año t+1 vendría dado por:
siendo Gt+1 el gasto en el período t+1 y Gt el gasto en el t. A los ingresos del sistema del período t+1 los llaman It+1 y los calculan dependientes de los ingresos del período t y de una tasa de crecimiento que llaman gI,t+1, que en principio no explican. Según esto, los ingresos son:
El equilibrio se daría en el período t+1 cuando ingresos y gastos coincidieran, es decir, cuando:
     
El error ya se ha cometido pero, como en una novela de misterio, de momento no lo desvelamos. Más tarde los expertos, quizá avergonzados por esta simplificación y porque no han tenido en cuenta otras variables, transmutan estas tasas de crecimiento a medias móviles para tener en cuenta el ciclo económico. O como ellos dicen “para evitar que el factor de revalorización anual se vea contaminado por el ciclo económico” (pág. 39). No lo conseguirán porque, buenos neoliberales pero pésimos economistas, no tienen en cuenta el agravamiento económico vía Consumo como consecuencia de la disminución de las pensiones si, como se pretende por parte del gobierno de Rajoy, ¡pagar menos pensiones precisamente en plena crisis o en la parte valle del ciclo! Lo contrario no tendría sentido una vez que se pide un Informe para “el factor de sostenibilidad de las pensiones públicas” (pág. 2). Ahora puede despejarse la tasa de crecimiento gt+1 sumado uno para el cálculo del factor de crecimiento:
siendo a un exponente que, según los expertos, mide “la velocidad a la que se corrigen los desequilibrios”, que es un criterio aceptable, aunque puedan haber otros más acertados como sería el caso de una variación de la participación de los impuestos en los ingresos de la Seguridad Social. Para calcular ahora correctamente las tasas de crecimiento g deben tomarse logaritmos en la fórmula (4) y hallar sus derivadas con respecto al tiempo. Los expertos hacen algo parecido pero que esconde el error que cometen. Lo que hacen es tomar logaritmos y aproximar el valor del logaritmo de 1+g correspondiente y aproximarlo a g. Es decir, hacen:
      
Lo cual es aceptable también si la tasa de crecimiento es relativamente pequeña, cosa que hacen los autores. Nada que objetar en este aspecto. Con ello llegan estos expertos a la fórmula:
           
Los autores toman como ya se ha dicho medias móviles para las tasas de crecimiento g. El último término del sumando surge de una maniobra matemática elemental, que no explico, pero que es correcta. El error está en el uso del término gS,t+1. Para llegar a (6) hay que suponer que las variables que recogen las tasas de crecimiento gI,t+1, gP,t+1, gS,t+1 e (It-Gt)/Gt son independientes entre sí. De lo contrario faltaría un término en el lado derecho de la ecuación (6) que sería el de la derivada cruzada entre los términos dependientes. ¿Son realmente independientes todas las variables del lado derecho de la ecuación? De serlo tendría que ocurrir que, de acuerdo con la definición de la tasa de crecimiento gS,t+1, “la variación del efecto sustitución, es decir, de aquél aumento de la pensión media producido por el diferente valor de la cuantía de las pensiones que salen (bajas) del sistema en t+1 respecto de la cuantía de las pensiones que se incorporan (altas) en t+1”, fuera independiente de los ingresos I y gastos del sistema G. ¿Puede creer alguien que el gobierno de Rajoy quiera fijar la pensión media ¡independientemente! de los ingresos y gastos del sistema de la Seguridad Social? Los que no lo creen son los propios autores del Informe cuando dicen que “la aplicación del factor de sostenibilidad hace transparente que a medio y largo plazo la ratio de la pensión media depende de la inversa de la tasa de dependencia, de la tasa impositiva, del porcentaje del salario que constituye la base de cotización y de otras fuentes del sistema distintas de las cotizaciones sociales” (pág. 41 del Informe). Esta relación entre la pensión media y los ingresos y gastos puede ser tan fuerte que pueden compensar o desnivelar el sistema de equilibrio que buscan los autores del Informe a través de la ecuación (6). La economía, señores neoliberales, no es contabilidad, no se trata de igualar ingresos con gastos, sino de valorar los efectos directos e indirectos que tienen las decisiones de política económica, tanto por el lado de la producción como del consumo a través de las rentas. Este error ya de por sí anula todo el Informe. Para que puedan entenderlo estos neoliberales de salón, pensemos en (6) como una ecuación a estimar mediante ajuste econométrico. En cuanto se intentara calcular los estimadores veríamos que estos no son significativos porque los intervalos se confianza serían más amplios de lo aceptable.La razón de ello es que tendríamos una relación interna entre dos variables explicativas. Es decir, nos encontraríamos con una relación funcional indeseada del tipo:
que es lo que ocurre con y en la ecuación (6).
B) Aunque los autores hablan y aparentan preocuparse por el efecto procíclico de su propuesta y establecen algunas prevenciones al respecto -alguna incluso formal como es el coeficiente a sobre el cociente entre la diferencia de ingresos y gastos y estos últimos-, la realidad es que su propuesta es peligrosísimamente procíclica porque trata de pagar menos a los pensionistas (pensión media) en los momentos de crisis, es decir, en los momentos donde la relación entre cotizantes y beneficiarios disminuye. Esta es la intención del gobierno de Rajoy cuando encarga a los expertos que estudien un supuesto factor de “revalorización anual del sistema”. Es de suponer que no sea Rajoy el inventor de esta expresión porque el presidente del actual gobierno sabe de estas cosas tanto como un servidor de teología escolástica. Si desde el plan Marshall en Europa no ha habido grandes depresiones como las del 29 en USA y parte del resto del mundo lo ha sido por los estabilizadores económicos con los que se dotaron los grandes países de Europa. Estos básicamente son las pensiones, el tamaño del gasto público en relación al PIB, los salarios mínimos y salarios en general y su revalorización respecto a los “ipcs”, y los seguros de desempleo. Las pensiones es la parte del león de estos estabilizadores. De llevarse a cabo la propuesta de Rajoy con la justificación de este Informe, podría afirmarse que cada ciclo económico, en su parte baja, se convertiría en depresión. Eso ya está ocurriendo simplemente con la obsesión enfermiza y contable de reducción del déficit, pero añadido a una reducción de pensiones como la que se derivaría del Informe sería terrible.
C) En el Informe no critica, por ejemplo, la baja participación de los ingresos fiscales respecto al PIB en España, no llegando este ratio actualmente al 33% en el momento actual cuando la media de los grandes países europeos sobrepasa el 40%. Una primera medida que debieran proponer los autores del Informe es la de que España se aumentaran los impuestos hasta llegar al menos a ese 40% en un quinquenio, por ejemplo. Supondrían 70.000 millones más de ingresos fiscales para las arcas públicas, con el efecto estabilizador del sistema que ello supondría. Tampoco critican los autores la baja participación relativa de los gastos en pensiones. En España se pagaron 103.500 millones en el 2012 que representan un 10% respecto a nuestro PIB; los grandes países europeos sobrepasan esa cifra, llegando algunos al 15% (Francia, 14,6%; Italia, 15,3%; Alemania, 10,8%). Más de donde tirar: en España cifran la mayoría de los estudios una pérdida para el Estado de una orquilla de entre 60.000 millones y 80.000 millones de euros como consecuencia del fraude fiscal. De nada de esto hablan los autores del Informe. Todos estos aspectos deberían incluirse en la ecuación (6), es decir, tasas de crecimiento g por el lado de los ingresos derivados de un aumento de la participación de los ingresos fiscales como consecuencia de los aumentos de los impuestos y tasas derivadas de una mayor recaudación como consecuencia de una lucha contra el fraude (ambas cosas no necesariamente están correlacionadas).
D) Una omisión grave –o una falta de ponderación adecuada y explicitación- del Informe son los posibles aumentos de productividad de la economía. Cuando comienza la guerra civil derivada del golpe de Estado de Sanjurjo, Mola, Millán-Astray, Franco y demás secuaces, en el año 36 del siglo XX en España la mitad de la población trabajaba y vivía en el campo; hoy día no llega al millón de habitantes que trabaja en el campo. El aumento de productividad ha sido notable porque en torno al 2% de la población es capaz de dar de comer al resto, mientras que hace 80 años era el 50%. Si en los años 50 o 60 hubieran estado preocupados por las pensiones –que entonces no estaban generalizadas- y se hubieran hecho proyecciones de pensiones medias para la segunda mitad de ese siglo sobre la base de supuestas esperanzas de vida, el fracaso de esas proyecciones hubieran sido mayúsculo precisamente por no contar con el factor de aumento de la productividad. Es verdad que nos acercamos –al menos para España- a una sociedad de servicios donde los aumentos de productividad no pueden ser notables, pero estos se seguirán produciendo. Al menos serán lo suficientemente importantes como para tenerlos en cuenta e insertarlos en la segunda parte de la ecuación (6).
Los sindicatos y los partidos de izquierda tienen fácil qué decir a Rajoy y sus secuaces: hagan todo lo expuesto anteriormente en los puntos B, C y D y luego hablamos. Es verdad que la esperanza de vida ha aumentado y más que va a aumentar, y algunas han cosas han de cambiarse a largo plazo, pero eso no debe ser motivo de tristeza para los pensionistas –incluso para los pensionistas que votan al PP- porque el Gobierno quiera rebajar sus pensiones de forma permanente. Primero lo dicho: aumentar los gastos sociales respecto al PIB como en Europa, financiación en parte con impuestos de las pensiones, lucha contra el fraude como en Europa, tener en cuenta futuros aumentos de productividad y luego hablamos. Por cierto, lamentable que entre los supuestos expertos haya un representante de CC.OO. que haya votado a favor, aunque con alguna nota crítica. ¿No tiene CC.OO. mejores representantes, que sean de izquierdas y/o que, al menos, sean solventes? En cuanto a los catedráticos de la Comisión mejor no hablamos, aunque cabe preguntarse: ¿para cuando un informe PISA para catedráticos?

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