Las camareras de piso, afiliadas y delegadas de UGT, que han formado parte
de la campaña mundial de la Unión Internacional de Trabajadores de la
Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines-UITA, a favor
de la dignificación de este colectivo y protagonistas del libro de Ernest
Cañada “Las que limpian los hoteles. Historias ocultas de precariedad
laboral”.
Los sobreesfuerzos diarios de este trabajo duro y repetitivo, llevan a las
trabajadoras a medicarse para aguantar el dolor y el estrés durante su jornada
laboral. Además son pocas las que llegan a jubilarse a la edad que les
corresponde, con las consiguientes repercusiones que el adelanto de la edad de
jubilación tiene en la cuantía de su prestación.
Mercedes Marín Torres. Esta enfermera ejerció su actividad profesional como
matrona. Trabajando primero en un pueblo de Catalunya y después en el Hospital
de la Fe de Valencia, antes de regresar a su ciudad natal, Granada.
Fue una de las pioneras de una nueva línea de trabajo: la “Anestesia
psicológica en el parto”, presentándose como voluntaria para ver si esta nueva
terapia funcionaba. Ya en Granada se implicó en la formación de futuras
profesionales en la Unidad Docente de Matronas de la Universidad de esta
ciudad. Junto con otras compañeras creó la Asociación Andaluza de Matronas y
participó muy activamente en la creación de la Federación de Asociaciones de
Matronas de España, dónde formó parte de la Junta Directiva.
Este galardón premia su actividad incansable para involucrar a las mujeres
en las tareas del sindicato y para desarrollar la ley de Igualdad en las
empresas.
María Salmerón Parrilla. El caso de esta auxiliar de enfermería, que
trabaja en una residencia de Sevilla, ha saltado a la opinión pública al ser
condenada por “desobediencia” al negarse a que su ex marido, un maltratador,
viera a su hija menor.
María se casó en 1999 y dos años después en 2001 se separó porque su marido
la maltrataba, siendo dictada una sentencia de maltrato en marzo de 2008. Su
situación como víctima de violencia de género no fue tenida en cuenta, porque
cuando presentó su denuncia por malos tratos, aún no se había aprobado la Ley
de Violencia de Género y los procedimientos de custodia se tramitaban por el
juzgado de lo civil, mientras que el proceso de malos tratos se hacían por lo
penal.
María perdió la custodia de su hija en 2009, cuando ésta tenía 9 años, por
no cumplir el régimen de visitas Tras 18 meses de lucha ante los juzgados
consiguió recuperar a su hija, y desde entonces la adolescente no quiso ver a
su padre. Por ese mismo motivo, María acabó condenada por desobediencia hasta
cuatro veces. Tantas como denuncias interponía su ex marido.
En el fallo de las dos primeras sentencias penales se le acusaba de
“actitud rebelde” y de “retención o secuestro de la menor respecto del derecho
del padre”. Se la condenó a dos años de prisión y se le retiró la patria
potestad durante cuatro años, aunque la Audiencia de Sevilla rebajó la pena a 6
meses. En las otras dos sentencias la condena impuesta era de 6 y 7 meses de
cárcel.
El 29 de septiembre de 2015, María fue requerida para ingresar en prisión
voluntariamente, aunque el juzgado de lo Penal número 1 de Sevilla suspendió el
requerimiento de ingreso en prisión hasta la resolución de su petición de
indulto, que se produjo el pasado 5 de febrero, cuando el Consejo de Ministros
aprobó su indulto parcial en base a que “los derechos del menor están por
encima de los del padre a que se cumpla el régimen del visitas”. María tendrá
que pagar una multa y realizar 40 días de trabajo en beneficio de la Comunidad.
Aunque ha logrado evitar su inminente ingreso en prisión, ésta es sólo una
victoria parcial en su largo proceso.
Además, lo poco que tiene está hipotecado o embargado por las multas
impuestas ante el incumplimiento de los regímenes de visitas.
María solo ha querido proteger a su hija y respetar su decisión de no querer ver a su padre. Su caso debe servir de ejemplo de lo que no se debe repetir. Es necesario que se investiguen los fallos que ha habido en su caso y se revisen los de otras mujeres en situaciones similares a la suya.
María solo ha querido proteger a su hija y respetar su decisión de no querer ver a su padre. Su caso debe servir de ejemplo de lo que no se debe repetir. Es necesario que se investiguen los fallos que ha habido en su caso y se revisen los de otras mujeres en situaciones similares a la suya.
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