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lunes, 1 de octubre de 2012

Los Presupuestos Generales del Estado 2013 dan la espalda a los ciudadanos


Los Presupuestos Generales del Estado 2013, presentados hoy en el Congreso de los Diputados, ratifican que no son creíbles, y, por tanto, tampoco el cumplimiento de sus objetivos; serán inútiles para sacarnos de la crisis, porque no hay medidas para impulsar la actividad; carecen de garantía de cumplimiento, basta ver la trayectoria de un Gobierno que dice una cosa y hace la contraria; y dan la espalda a los ciudadanos, pues insisten en la senda fundamentalista del déficit a costa de todo, incluido el Estado de Bienestar.
El Ejecutivo no despeja la duda sobre si los pensionistas perderán finalmente poder adquisitivo (es más, abre la puerta con su opacidad a una modificación de la norma de revalorización de las mismas) y en materia de desempleo admite que se va a producir un recorte de gasto del -6,3%.
Los PGE 2013 presentados hoy por el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristobal Montoro, en el Congreso de los Diputados, y a falta de un análisis en profundidad de los mismos, vuelven a confirmar nuestra primera valoración:
1.- No son creíbles. Las cifras no se sostienen por las hipótesis de evolución más sensatas y fundadas de las variables económicas esenciales.
El Ministro de Hacienda ha intentado establecer una absurda diferencia entre lo que serían previsiones de organismos internacionales y analistas económicos y objetivos, que es lo que fijaría el Gobierno en los Presupuestos.
Pero no hay tal diferencia, puesto que las previsiones de cualquier analista fiable y riguroso tienen en cuenta los mismos factores que el Gobierno para realizar sus estimaciones. Sí hay una diferencia para los ciudadanos: que el Gobierno tiene una responsabilidad política para hacer que las cifras de los Presupuestos se alcancen, con las actuaciones que lleva a la práctica, algo que hasta ahora el Gobierno del PP no ha asumido.
Si no se cumplen los objetivos o previsiones de variación del PIB, no se sostienen las previsiones de ingresos, y con ellas las de déficit. Y este es el mensaje que están lanzando todos los analistas internos e internacionales al Gobierno: que no se creen su estructura presupuestaria, y por tanto, el cumplimiento de sus objetivos.

2.- Son inútiles para sacarnos de la crisis. El Gobierno sigue sin entender que la financiación de nuestra economía depende sobre todo de que los inversores externos vean que nuestra economía es capaz de crecer. Y si no se impulsa la actividad, la confianza en nuestra economía no repuntará. No habrá salida de la crisis si no hay crecimiento de la actividad. Y estos PGE nada contienen para impulsarla. Son unos Presupuestos para seguir en la crisis, no para salir de ella; para mantener la asfixia de las familias, no para aliviarla; para que las empresas sigan sin ver perspectivas de aumento de sus negocios, puesto que no aumentará la demanda de sus productos.
3.- Carecen de garantía de cumplimiento. Porque el Gobierno ha perdido toda credibilidad con sus actuaciones hasta el momento, haciendo de los Presupuestos de este año 2012 un papel sin valor, desfigurado una y otra vez en sus políticas y cifras esenciales por la vía unilateral del Real Decreto. Nada garantiza que el Gobierno no haga lo mismo ahora con éstos que presenta ahora referidos a 2013. Es más, hay indicios de que está reteniendo la aprobación de algunas medidas (como la actualización de las pensiones con la desviación del IPC en 2012) hasta que pasen las elecciones gallegas, lo que, de confirmarse, constituiría una nueva falta de respeto a los ciudadanos y a la obligada transparencia presupuestaria.
4.Dan la espalda a las necesidades de los ciudadanos. Las políticas que contienen estos presupuestos y sus objetivos últimos, subordinados al logro del déficit público, no satisface las necesidades que están reclamando los ciudadanos fehacientemente en la calle, y que tienen que ver con el impulso a la actividad y al empleo y con el mantenimiento de las prestaciones del Estado de Bienestar. Es decir, el Gobierno insiste en una estrategia de asfixia de nuestras capacidades de despegue y de empobrecimiento continuado, mientras los ciudadanos reclaman otras políticas alternativas que compatibilicen el progresivo ajuste de nuestro endeudamiento con la reactivación de la economía y del empleo y sin pérdida de derechos.
Además de estas cuestiones de carácter general, la rueda de prensa ha dejado claras dos situaciones de capital importancia para los ciudadanos:
En materia de pensiones, el Gobierno no asegura que se vayan a actualizar en el mes de noviembre con la desviación del IPC, tal y como mandata la ley. Está siendo deliberadamente opaco en sus declaraciones, generando confusión sobre sus verdaderas intenciones. Debe decir ya sin ambages si va a actualizar las pensiones en el mes de noviembre o no. Con sus declaraciones, en las que tan sólo afirma que “la actual ley asegura esa actualización”, parece dejar abierta la puerta a una próxima modificación de esa norma para permitir la no recuperación de esa desviación.
De ser así, los pensionistas perderán poder adquisitivo. La subida del 1% en 2013, aunque muy moderada, es positiva. Pero sólo si antes se ha producido la recuperación de la desviación de los precios en 2012, que previsiblemente rondará los dos puntos (se subieron un 1% a comienzos de año y las previsiones sitúan el IPC en noviembre en torno al 3%). Puesto que cada punto de desviación supone unos 1.000 millones de euros, la no actualización en noviembre supondría una pérdida directa de 2.000 millones de euros para los pensionistas, más otros 2.000 millones por la consolidación de ese importe en las pensiones de 2013. En total, supondría una merma de unos 4.000 millones de euros para los pensionistas de nuestro país.

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