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sábado, 14 de diciembre de 2013

14-D: 25 Aniversario de la Gran Huelga General

El 14-D fue, sin duda, la gran Huelga General de la democracia; un paro secundado por más de 8 millones de trabajadores, el 90% de la población activa. En aquella jornada ya estaba el germen de lo que hoy se reivindica en la calle: más democracia, más participación, más derechos sociales, más justicia, más solidaridad.
El 14-D de 1988 fue más que un día de lucha. Fue una huelga total que paralizó España y una gran movilización democrática.
El 14-D es una de esas jornadas que todo el mundo que lucha recuerda y atesora como una de las grandes experiencias históricas del movimiento obrero. Y en tanto que experiencia histórica merece ser trasmitida a las nuevas generaciones.
El 14-D, a fin de cuentas, forma parte destacada del patrimonio cultural del trabajo.
Pero la huelga no fue fácil. Hubo una intensa campaña antihuelga, fuertes ataques a los sindicatos. Ya en aquellos tiempos. Además como algo recurrente, se hablaba de subvenciones, de que los sindicatos eran dinosaurios del pasado…
Son efectivamente argumentos que se han ido repitiendo a lo largo de los años y de las movilizaciones impulsadas por los sindicatos. No obstante, cierto es que estas campañas en la actualidad están aderezadas de mucha basura y de un objetivo que no es otro que diezmar el poder contractual de los sindicatos, su propio debilitamiento y legitimidad. Un intento que, de fructificar, produciría un grave cercenamiento de la democracia, junto a un retroceso histórico del conjunto de los trabajadores y trabajadoras.
Pero frente a aquella insidiosa campaña, el 14-D estuvieron los centros de trabajo movilizados y decenas de miles de representantes sindicales -que en mi opinión es la más importante red de solidaridad que existe en nuestro país-, constituyéndose en Comités de Huelga en sus empresas, negociando mínimos, desplegando una amplísima campaña informativa, a través de encuentros y asambleas. En suma, organizando la movilización.
El 14-D fue una huelga con claras reivindicaciones sindicales, en la que se insistía, entre otras cuestiones, en la retirada del contrato de inserción para jóvenes y la puesta en marcha de un plan general de empleo. La recuperación de, al menos, dos puntos de la pérdida de poder adquisitivo, provocada por la desviación de la inflación en 1988. El incremento de la cobertura por desempleo. La equiparación de las pensiones mínimas al salario mínimo interprofesional, la protección social y el Derecho pleno de Negociación Colectiva de los funcionarios.
El 14-D fue, sin duda, la gran Huelga General de la democracia; un paro secundado por más de 8 millones de trabajadores, el 90% de la población activa. En aquella jornada ya estaba el germen de lo que hoy se reivindica en la calle: más democracia, más participación, más derechos sociales, más justicia, más solidaridad.
Aquella jornada supuso un punto de inflexión en materia de derechos económicos y sociales y también para el movimiento sindical. Resultó asimismo decisiva para el inicio de un giro social en nuestro país, tal y como demandaban los sindicatos. Así se abrieron paso los primeros acuerdos sociales en el ámbito de las Comunidades Autónomas, generando nuevos espacios de diálogo social y mejorando la calidad de vida de las personas. Fueron pues, los primeros frutos de la huelga general. Hoy conviene recordar que aquellos avances sociales no fueron sino el resultado de la movilización y de la acción común de los sindicatos.
El sindicato, que había jugado un papel esencial en la lucha contra la dictadura y por la libertad, demostró ser un protagonista principalísimo en la democracia, en tanto que pilar fundamental del Estado Social y Democrático de Derecho que es precisamente el que consagra la Constitución de 1978 tantas veces invocada.
Si ahora recordamos estas cuestiones al rememorar el 14-D es porque el Estado Social y Democrático de Derecho está en cuestión. Y ello debido a las políticas de austeridad que dañan al 99 por ciento de la ciudadanía, con los recortes sociales, un masivo desempleo y el incremento de las desigualdades y de la pobreza en nuestro país. Más aún, la gestión autoritaria de esas políticas sociales también está erosionando gravemente los derechos democráticos y las libertades.
La evocación del 14-D y de sus consecuencias positivas en materia de derechos no puede dejar de lado la reivindicación misma del sindicato. Porque fue el sindicato, con mayúsculas, con su presencia el que hizo posible aquél proceso que combinó la movilización y la negociación.
En consecuencia, el 14-D, 25 años después nos indica que son tiempos en los que hay que ampliar la intervención del sindicalismo en la lucha por los intereses y los derechos de los trabajadores y las trabajadoras. Porque sabemos que defendiendo y ampliando los derechos del trabajo, defendemos y ampliamos también los derechos de ciudadanía en su conjunto, al igual que sabemos que la única lucha perdida es la que no se libra.

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